La Galapana 2019, singularidad y artesanía

21 octubre 2021

Una de las cosas que más ha enriquecido el mundo del vino en los últimos años ha sido la floración de pequeños productores que, a través del oficio de hacer vino y la convicción como equipaje de mano, han sabido abrirse un hueco en este concurrido mundo aportando algo diferente. Este fenómeno, no exclusivo de España, ha permitido que el consumidor pueda disfrutar hoy día de un mayor número de vinos artesanales. Hoy queremos hablarles de La Galapana 2019, un Vino de Mesa que proviene de una zona muy poco representada, el Bierzo Alto.

La Galapagana 2019, candidato Vino Revelación

La Galapana es un vino de una única parcela de 0,25 hectáreas, ubicada en Albares de la Ribera, en pleno Valle de Boeza, en lo que se conoce como el Paraje de La Galapana. Rodeada de castaños, la viña se define en gran medida por una altitud próxima a los 980 metros, lo que implica una viticultura casi extrema, pues están al límite de la maduración. Para que se hagan una  idea, la diferencia de fechas de vendimia de este lugar respecto a las zonas bajas del Bierzo lleva aproximadamente un mes de retraso. El clima aquí es más extremo, hablamos de un clima continental con influencias atlánticas, en un entorno donde habitualmente encontramos un clima mediterráneo o mediterráneo atlántico de las zonas medias del Bierzo.

Su creador, Germán R. Blanco, es un emprendedor que, tras formarse en diferentes bodegas, decidió apostar por proyectos propios. Su pistoletazo de salida lo marcó hace quince años con Quinta Milú, un proyecto que empezó con un grupo de amigos en la Ribera del Duero y que buscaba acercar al consumidor esta zona tan bien representada por excelentes productores pero sin la ambición de los grandes números.

La cosa no quedó ahí. Al ser medio asturiano, medio berciano, nos cuenta, “tenía la espinita clavada con esta zona del Bierzo, así que decidí venirme aquí para elaborar, aprovechando las viñas que tenía de mi abuela Aurora. Este proyecto es un homenaje a ella, por eso decidí bautizarlo como Casa Aurora”.

Arcilla y altitud, un hilo conductor

Existe un hilo conductor en los proyectos de este joven bodeguero y son la arcilla y la altitud. Germán se declara un amante de la arcilla; “por alguna razón siempre he trabajado con arcilla y altitud y me encuentro muy cómodo”. Según nos devela, “la arcilla férrica del Bierzo nos fija muy bien la acidez y consigue una maduración lenta, precisamente en una zona donde cuesta madurar, con lo cual nos ayuda”.

 Germán  explica que mientras las zonas del Bierzo Bajo fueron bendecidas por dos grandes vehículos de expansión y de crecimiento, como son el Camino de Santiago y las cooperativas, el Bierzo Alto se tuvo que apoyar en la minería, por lo que la zona no ha contado hasta la fecha con una viticultura profesionalizada. Sin embargo, muchos mineros tenían viñas que cuidaban como podían para elaborar vino para su autoconsumo. Las viñas viejas que a día de hoy se pueden encontrar allí están ahí por ser las mejores, más que por trabajos precisos y profesionales en viticultura

Germán R. Blanco

La Galapana es la reivindicación de un lugar que ha subsistido hasta nuestros días con viñas muy interesantes pero cuidadas de forma muy rudimentaria. Un lugar donde el clima duro y una altitud extrema no impidió que el vino se abriese paso, a pesar de que la viticultura no fuese allí una forma de vida.

Las cosas no llegan de forma casual, el cambio climático ha permitido que el lugar sea ahora un foco de atención para aquellos elaboradores de vinos frescos y elegantes. Es por eso que seguramente en los próximos años veremos llegar a gente relevante a la zona. De momento, ha sido Casa Aurora, con el permiso de Dominio de Tares, quien ha puesto la pica en el lugar gracias a un trabajo minucioso, delicado y sutil.

El proyecto cuenta a día de hoy con 2 hectáreas de viñedo y trabaja otras 8 hectáreas más. Solo se incorpora lo que su propietario puede trabajar personalmente. Estamos ante un vino personalista, aunque lo más valioso de este vino no sea la persona, sino la representación de un entorno fresco y puro. Los trabajos con la madera en este tipo de vinos son, como imaginábamos, sutiles. Acompañan pero no obstaculizan el auténtico sentido del vino, el lugar, el entorno.    

De la parcela donde extrae las uvas Germán nos revela que se trata de una viña bien extraña en la zona. Habitualmente las viñas cuentan con un gran abanico de uvas entremezcladas. Junto a la mencía es habitual encontrar cepas de garnacha tintorera, palomino, garnacha o merenzao (portuguesa), uvas que antiguamente tenían un sentido creador dentro del vino. Aquí encontramos una viña casi exclusiva de mencía pero con un pequeño porcentaje de otras compañeras del lugar como son garnacha tintorera y la garnacha. Todo se elabora de forma conjunta a fin de mostrar un paraje determinado y, sobre todo, con el objetivo de que ese paisaje sea expresivo en la botella por muchos años, un objetivo en todos y cada uno de los vinos de este elaborador.

Las  escasísimas 560 botellas de La Galalapana 2019 y todos los vinos de esta bodega boutique han salido al mercado como Vino de Mesa, si bien se espera que partir de la próxima cosecha ya puedan embotellar como D.O. Bierzo, que es el lugar que le corresponde al ampliarse el límite de la zona de producción de la D.O. hace  poco más de un año. Sea lo que fuere, estos vinos nos adentran en el universo de la finura, la elegancia y frutalidad fresca con gran precisión. Su presencia hoy aquí reivindica un lugar preferente a un entorno que siempre estuvo ahí, aunque fuese para dar de beber a los mineros y sus familias.

    Escrito por Javier Luengo, director editorial de Peñín

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