Año nuevo, bodega nueva

8 January 2026

Enero es el mes en el que todos prometemos convertirnos en una versión mejorada de nosotros mismos: ir más al gimnasio, empezar ese libro que lleva años cogiendo polvo en la estantería o, por supuesto, ese propósito que llevas arrastrando varios eneros: “este año sí que sí, empiezo con el vino”. Y si nunca te lo has planteado, hazlo ahora. Año nuevo, bodega nueva.

Dedicar tiempo a introducirte en el mundo del vino o empezar una colección de vino es uno de los propósitos más realistas que puedes plantearte este año. El vino es cultura que está al alcance de todos, es un aprendizaje disfrutable y placentero y un objetivo muy fácil de cumplir. No hace falta convertirte en sumiller ni tener un palacio al estilo francés para adentrarte en las profundidades del mundo vinícola. Te contamos cómo.

Aprender sobre vino sin morir en el intento

El primer punto clave que debes tener en cuenta es que formarte sobre vino no implica memorizar regiones ni conocer todos los tipos de viñedos que hay. Va sobre curiosidad, entender qué hay en la copa, de probar y comparar. Por eso, una de las mejores maneras de empezar es hacerlo con catas o experiencias guiadas, como las que te ofrecemos aquí.

Un curso o una experiencia de cata ayuda a entrenar el paladar y a entender el lenguaje del vino, regiones, estilos y variedades. Te ayuda a contextualizar y, sobre todo, a saber qué te gusta y por qué. Y no necesitas tener experiencia previa, solo curiosidad, y ganas de aprender. No se trata de saber más, sino de entender mejor lo que tienes delante.

Cosas que debes tener en cuenta al empezar a catar:

  • No hay respuestas correctas o incorrectas, solo percepciones. Haz caso a tu instinto.
  • Oler no es adivinar, es asociar recuerdos, sensaciones. Y no pasa nada si repites mucho la palabra “fruta” o no detectas 20 aromas en una misma copa.
  • Aunque el vocabulario es muy importante, a la hora de describir lo que sientes, usa palabras simples, que luego puedas ir desarrollando.
  • Si catas con varias personas, escucha las sensaciones de los demás, pueden orientarte o ayudarte.

Conceptos clave que deberías haber echado un vistazo antes de sumergirte en tu primera cata: estilo, origen, añada, acidez, cuerpo, tanino…. Para indagar un poco en estos conceptos y no sentirte demasiado perdido, existen multitud de libros como Experto en vino en 24 horas de Jancis Robinson.

Tu primera bodega

Es posible que tu propósito no sea aprender sobre vino, sino empezar a crear tu propia colección. Después de catar, aprender y entender qué te gusta, el siguiente paso es natural y, muchas veces, llega sin que te des cuenta: empiezas a guardar botellas. Y no porque te olvides que las tenías, sino por criterio y decisión.

De hecho, tu primera colección no debería nacer del impulso de “me compro 10 botellas al mes y las voy coleccionando”, sino de la curiosidad bien entendida. Y empezar es bastante más sencillo de lo que parece: basta con definir para qué las quieres. Y aquí es donde la formación previa cobra sentido; ya no eliges por intuición, sino por conocimiento, aunque sea básico.

Una colección inicial debe tener variedad. Distintos estilos, regiones y elaboraciones; vinos fáciles para consumir pronto y otros pensados para detenerse frente a la copa a reflexionar. Botellas para compartir y otras para abrir en silencio. Por tanto, ¿qué vinos recomendamos elegir para un primer momento? Un tinto versátil para el día a día, un blanco que aporte frescura, alguna botella con crianza para aprender sobre evolución y, por supuesto, aquel vino especial que no se abre un martes cualquiera.

El segundo aspecto más importante es el espacio. No hace falta tener una gran bodega o cava en casa para hacerlo bien. Lo que necesitas es un espacio estable, sin luz directa y con una temperatura razonable. Con esto y siguiendo nuestros tips sobre cómo almacenar vino en casa, estarás más que preparado.

Y, por último: las herramientas. En este caso, menos, es más. Un buen sacacorchos, copas adecuadas y algún sistema (mental o físico) para recordar qué tienes y organizarte es más que suficiente.

Conviene evitar errores como comprar por la etiqueta, guardar vinos que no están pensados para ello o acumular por acumular.

En resumen, introducirse en el mundo del vino no es una meta, es un camino, un proceso. No se trata de saberlo todo, ni de reconocer aromas imposibles o tener la bodega más grande. El vino no exige perfección, solo interés; y cuanto más lo entiendes, más lo disfrutas.

Este año puede ser el momento, te animamos a que des el primer paso: probar, aprender un poco, guardar alguna botella y disfrutar de tu año nuevo y de tu bodega nueva.

    Escrito por Redacción