Querida cerveza, tenemos que hablar…

24 July 2025

Ha sido un largo viaje; parece que llevamos toda la vida compartiendo momentos. Y quizá así ha sido. Y quizá sigamos haciéndolo porque siempre estás ahí: fría, burbujeante, leal. Una vieja amiga que nunca falla. Pero algo ha cambiado. No eres tú, soy yo. Que a lo mejor necesito algo distinto para este verano.

La realidad es que pedir una cerveza no es una decisión, es un acto reflejo. Es lo que pasa cuando haces contacto visual con el camarero del bar de siempre y ya te está preparando la caña sin que se lo pidas. Y es genial. Porque no plantea dudas, es involuntario y sabes que siempre será un acierto. Pero con esto me di cuenta de que no te elijo, simplemente, te repito y, aunque suene duro, ya no me sorprendes.

Querida cerveza, he conocido a alguien. Aunque, en realidad, lo he redescubierto. Le he dado una oportunidad a algo distinto y he acertado. El vino. Durante mucho creí que era algo complicado, pretencioso, solo para entendidos; pero resulta que también puede ser fresco, divertido y para planes improvisados. Entendí que no hace falta saber para disfrutarlo, no hace falta hablar francés ni entender de barricas y fermentación. Solo necesitaba ganas de probarlo y una copa. El vino me trató bien, me ofreció variedad y curiosidad.

No te estoy diciendo adiós, aún nos quedan festivales y terrazas por vivir. Solo quiero decirte que este verano quiero algo diferente, que me sorprenda. Este verano quiero brindar en copa, para los que se atreven a probar algo distinto, para los que buscan algo más.

cerveza vs vino

Cerveza vs vino: el combate definitivo

Lo sé. Igual todo esto te parece exagerado, sacado de una escena de la serie más dramática que te puedas imaginar. Pero, la verdad, esta decisión no ha sido fácil, no ha sido un simple “me apetece cambiar”.

Fue una batalla, una especie de lucha interna entre lo cómodo y lo diferente. Entre lo que siempre ha estado y lo que me estaba perdiendo. Cerveza y vino: el combate del verano.

  • ROUND 1: Estilo y presencia. En la esquina izquierda, la cerveza con su espuma desbordante, su vaso manoseado y su carisma de festival. En la esquina derecha, el vino, con su copa esbelta, su color hipnótico y su elegancia sin esfuerzo. Y no se trata de ser superficial (aunque en fotos quede más bonito), se trata de que una copa en la mano te cambia la actitud, aunque estés en chanclas en el chiringuito de la playa. Punto para el vino.
  • ROUND 2: Frescura real. ¿Te pensabas que el vino solo se tomaba a temperatura de iglesia? Yo también, hasta que probé un albariño a 6ºC en una terraza al sol. Este es el primer argumento: “es que la cerveza está fresquita”. Sí. Y el vino también. De hecho, me he topado con cervezas más calientes que un vino tinto en un maletero. Prueba un blanco gallego o un rosado provenzal, cambiarás de opinión. Y encima sin gas. SIN GAS. Punto para el vino (y para tu tripa).
  • ROUND 3: Comida y maridaje. Caña y bravas, perfecto. Cerveza y pizza, correcto. Pero ¿qué me dices si te traen un arroz de marisco, un tartar de atún o unas ostras? Ahí, la cerveza empieza a sudar, literal y metafóricamente. El vino juega en otra liga, tiene pareja para cada plato. ¿Una cena de picoteo?, ¿una paella?, ¿sushi? Punto para el vino por siempre tener el match perfecto.
  • ROUND 4: Cuerpo, mente y (calorías). La “barriga cervecera” no es un mito. Existe. Y se llama hinchazón. Porque la cerveza llena, mucho. El vino, sin embargo, si lo bebes bien, entra suave, ligero y sin conflictos. Se bebe ligero, sin prisas y con miedo a que se caliente y eso el cuerpo lo agradece. Además, una caña puede rondar las 90 kcal y claro, no te tomas una, te tomas tres o cuatro, así que haz la cuenta. Una copa de vino blanco puede tener entre 70 y 90 kcal, pero dura más en la copa que la cerveza. Y, por último, el vino tiene antioxidantes y polifenoles con propiedades beneficiosas para la salud. Punto para el vino por cuidar nuestro cuerpo.  
  • ROUND FINAL: Postureo, precio y placer. Aquí viene el golpe bajo que muchos sacan cuando ya no hay argumentos: “El vino es caro”. El gran mito. ¿Cuánto te dejas en cañas un jueves cualquiera? Pues, probablemente, lo mismo que en una botella entera, que te acompaña, que se comparte y que te dura. Y sobre el postureo… el vino no es pretencioso. Lo hemos hecho pretencioso nosotros. Durante mucho tiempo, nos lo han vendido mal, que hace falta un diploma o un paladar excepcional para disfrutarlo. Y no. Punto final para el vino, ganador por KO.
Cerveza vs vino: el combate definitivo.
Cerveza vs vino: el combate definitivo.
Cerveza vs vino: el combate definitivo.
Cerveza vs vino: el combate definitivo.
Cerveza vs vino: el combate definitivo.
Cerveza vs vino: el combate definitivo.

Cerveza, querida, has luchado bien. Y, no vamos a negar lo evidente: ese primer trago, fresquito cuando el calor aprieta, es glorioso. Pero también es cierto que ese mágico momento es fugaz, demasiado rápido. Con el vino, cada sorbo es como el primero, algo nuevo, algo para descubrir; siempre te sorprende.

Este verano, proponemos brindar en copa, porque hemos aprendido que todos merecemos una bebida que nos acompañe, que no nos meta prisa, que nos escuche y que se quede a hablar. Nos merecemos un vino.

    Escrito por María Rubio, redactora